La Diputación Provincial de Huelva ha recibido este miércoles a los cinco menores ucranianos que pasarán el verano en la provincia gracias al proyecto de ayuda humanitaria de la asociación Asnia, en colaboración con familias de acogida onubenses. Esta iniciativa solidaria, respaldada por una subvención de 12.000 euros por parte de la institución provincial, ofrece a los pequeños un respiro frente a la guerra que desde hace más de tres años asola su país.
El vicepresidente de la Diputación, José Manuel Zamora, ha sido el encargado de dar la bienvenida tanto a los niños y niñas —tres niñas y dos niños de entre 10 y 12 años— como a las familias que los acogerán durante los próximos dos meses. Procedentes de la provincia de Odesa, una de las zonas más castigadas por los ataques militares rusos, los menores pasarán su estancia en Huelva capital y Bonares, alejados del conflicto bélico y en un entorno de paz, seguridad y cuidados.
Zamora ha agradecido a las familias su generosidad: “Sin vosotros, esto no sería posible. Os doy las gracias en nombre de toda la provincia”. A los menores, les deseó una experiencia feliz y enriquecedora: “Que paséis dos meses inolvidables, y que sepáis que Huelva será siempre vuestra casa”.
Un proyecto con corazón
La coordinadora de Asnia, Nieves Sánchez, destacó la colaboración activa de la Diputación de Huelva, que desde hace 18 años respalda este proyecto, siendo esta la única asociación en Andalucía dedicada al acogimiento temporal de menores ucranianos. Sánchez señaló que “la implicación de las familias es admirable, y este trabajo implica meses de preparación y gestiones complejas con ambos países”.
Durante su estancia, los menores disfrutarán de una alimentación equilibrada, practicarán hábitos saludables, y contarán con atención médica si fuera necesario. El objetivo del proyecto no es solo alejarlos del conflicto, sino también ofrecerles una experiencia vital en un entorno seguro, donde puedan recuperar su infancia y establecer lazos afectivos que, en muchos casos, perduran en el tiempo.
Esta tercera edición del programa sigue consolidándose como una experiencia de humanidad compartida, y demuestra cómo la solidaridad local puede tener un impacto global.
