Prehistoria y protohistoria: cultura del bronce onubense, tartesios y turdetanos

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Existe constancia de presencia humana en la zona costera desde la llegada de los primeros pobladores de la península Ibérica a través del estrecho de Gibraltar. Estos hombres y mujeres fueron asentándose y ocupando progresivamente la zona más septentrional.

Del Neolítico queda impronta gracias a la existencia de yacimientos, como el de La Dehesa en la comarca de El Condado,3 en los que se encontró una importante industria lítica con diferentes piedras talladas además de restos cerámicos. Los dólmenes como el de Soto y otros yacimientos como el de El Pozuelo4 o los restos de una ciudad amurallada en La Zarcita5 permiten fechar la presencia humana en estos territorios.

En la Edad de Bronce apareció una cultura bien identificada en el área que comprende gran parte del territorio de la actual provincia de Huelva. Esta cultura entró en contacto con la Cultura del Bronce Meridional portuguesa, que recuerda a la de El Argar en muchos de sus elementos, como los enterramientos individualizados en cistas o su cerámica lisa. Uno de sus rasgos más características era su ritual funerario, con enterramientos colectivos en megalitos y los enterramientos individuales, con un modelo de enterramiento que también se desarrolló en el sur de Portugal en esa época.6 Todo esto hace pensar que debió existir algún tipo de contacto entre estas culturas.7

Las necrópolis encontradas en el Andévalo y Sierra Morena se han localizado en zonas cercanas a yacimientos de piritas. Para su recubrimiento se utilizaron losas de pizarra.7 Sus ajuares no solían ser abundantes, apenas un par de cuencos, salvo en la necrópolis de El Becerro, en la zona arqueológica de Santa Eulalia, donde se han encontrado cuentas de collar y joyas de plata.6 Estos restos ayudan a comprender el paso por la zona de los pobladores de la provincia durante la Edad del Bronce.

De la etapa final del Bronce datan también los hallazgos en la ría de Huelva que, junto a los de la zona del Seminario de la capital,8 son los que probablemente convierten a la desembocadura de los ríos Tinto y Odiel en la zona de la península con presencia humana continuada más temprana, remontándose ésta hacia el 3000 a. C

Tartessos

Los tartesios fueron indígenas del suroeste peninsular que asimilaron elementos de otras culturas, principalmente de los fenicios y de los griegos, que tuvieron relativa presencia en esas tierras. El contacto con los griegos coincidió con el auge de esta cultura en el siglo VI a. C. y permitió un despegue cultural gracias al comercio de metales procedentes de las minas del norte de este espacio. Tradiciones y mitos movieron a varios aficionados e investigadores,11 como Adolf Schulten o Jorge Bonsor,11 12 a buscar en la zona, entre los ríos Guadiana y Guadalquivir, tesoros que se atribuían a este pueblo. Aunque no se han encontrado restos de importancia que identifiquen claramente ni su territorio ni si tuvo una ciudad rectora, se ha podido constatar arqueológicamente que en estas tierras floreció una avanzada cultura del Bronce Inicial con actividad metalúrgica, agrícola y de pastoreo; y que comerciaba con los orientales, fenicios y griegos, en los albores del Bronce Final.13

Parece ser que la llegada de los fenicios y posteriormente del comercio griego, no produjo un progreso generalizado en el pueblo tartesso y su economía siguió basada en la agricultura, la ganadería y la pesca, pues los beneficios del comercio y de la metalurgia quedaban en manos de sectores sociales minoritarios.13 Yacimientos como el de Tejada la Vieja o la necrópolis del Cabezo de la Joya en la ciudad de Huelva, demuestran la impronta de esta civilización relativamente desconocida.

El reino tartesio cayó en una grave decadencia a lo largo del siglo VI a. C. Los motivos de esta desaparición fueron complejos. La caída de Tyro en manos asirias produjo una liberalización del comercio en el Mediterráneo occidental. Este hecho fue aprovechado por la colonia griega de Massalia que, vía interior por el Ródano, contactó con los ricos yacimientos minerales del norte de Galia.14 Este hecho supuso la pérdida del poder geoestratégico de Tartessos como intermediario en el comercio, por lo que fue la ruta de la plata fue relegada a un segundo plano. La situación geopolítica en el Mediterráneo cambió con la irrupción de Cartago, que reabrió las antiguas rutas comerciales fenicias. La batalla de Alalia supuso la supremacía cartaginesa frente a la griega y la crisis de la colonia griega de Massilia.15 Cartago relanzó el comercio de minerales en la región de Tartessos, pero esta vez controlado por la colonia púnica de Gádir (actual Cádiz).16 El pueblo tartesio perdió totalmente el control del comercio e incluso su independencia con la conquista cartaginesa del sur peninsular. Ya en estos tiempos el pueblo tartesio era llamado con el nombre de turdetano.

Los turdetanos, descendientes históricos de Tartessos y de su misma raíz étnica, vivieron en la práctica totalidad de la actual provincia y fueron considerados por Estrabón como «los más cultos de los íberos».17 Las ciudades como Onuba e Ilipla tuvieron gran importancia en esta zona.

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